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El proyecto PRODE, el básquet como forma de vida

Más de 250 chicos y chicas de los barrios San Isidro y San Pedro son parte de este programa deportivo y social.

La ciudad de Encarnación tiene dos récords. Es la que tiene más cantidad de títulos de básquet ganados en la historia de Paraguay. Y es, a nivel mundial, la que sufrió el impacto más violento por el desarrollo de una represa hidroeléctrica. Yacyretá. Hace unos quince años, los barrios de la zona baja quedaron bajo el agua. Todavía se ven fragmentos de casas escondidos entre la vegetación. Retazos de paredes, techos, aberturas que fueron masticadas por las inundaciones. El agua arrasó con 841 kilómetros cuadrado de superficie. Se perdió el casco histórico encarnaceno, una zona comercial y un cordón de barrios populares. Cerca de 8900 familias tuvieron que ser relocalizadas.

La mayor cantidad, casi un 90%, fue llevada a los barrios San Pedro y San Isidro. Su situación económica estaba en alerta rojo. Las pérdidas fueron grandes y el dinero que giró el Estado fue insuficiente. Comenzó así un proceso de transformación urbanístico, cultural, social y económico que arrojó consecuencias diversas y complejas. En esos dos barrios, ubicados en la periferia de Encarnación, tomó vida el proyecto Prode. Dos muchachos, José Peña y Francisco Gasha, pusieron manos a la obra para que los chicos y las chicas, a partir de los 3 años, se acercaran al básquet.

La pregunta es por qué. Y la respuesta es conmovedora: porque son fanáticos del básquet y quieren brindar oportunidades desde el deporte. El básquet como herramienta social, como resorte de equidad, construcción de hábitos saludables y perspectiva a futuro. No hay banderías políticas, no hay fines económicos, no hay religiones. Hay pasión, ganas de trabajar y un equipo que entrena a los chicos y las chicas todas las semanas.

Es un proyecto fuera de libreto. Tiene algún punto de comparación con el de Los Triquis de México y con los programas de contención social en las favelas de Brasil, algunos sponsoreados por empresas mainstream, con franquicias y jugadores top. Los chicos llegaban descalzos, sin haber picado una pelota de básquet en su vida. A nueve meses del inicio del Prode no solo comienza a verse un dominio técnico y táctico del juego, incluso hay un chico de la categoría U13 que se ganó un lugar en la selección de Encarnación.

“Hoy hay poca participación de jóvenes en el básquet de la ciudad. Queremos que el Prode sea un semillero, que los chicos se involucren. No queremos formar deportistas de elite. Si eso sucede, bienvenido. Lo que queremos es mejorarles la calidad de vida a partir de la enseñanza del básquet. Nuestra ciudad es históricamente muy basquetera”, explica José.

En Encarnación se dice basquetera. Suena bien. Más cercano a la forma de hablar. En Argentina decimos basquetbolera. Pero jugamos al básquet. Hay ahí una incongruencia. Construcciones, costumbres que crean sentido.

Los primeros pasos del Prode fueron pasos. Literalmente. José y Francisco caminaron los barrios y se acercaron a las comisiones vecinales para explicar lo que querían hacer. Después repartieron, casa por casa, una revista de pequeño formato con información sobre el proyecto y sus objetivos. No hubo redes sociales ni campañas virales. A los chicos y las chicas de los barrios hubo que ir a buscarlas, mirarlas a los ojos y estrecharles una mano.

A medida que se suman a las prácticas, se realizan estudios médicos. Algunos chicos solo habían visto a un médico el día que nacieron. El equipo del Prode también trabaja con psicólogos deportivos, traumatólogos y kinesiólogos que les brindan charlas para que conozcan tratamientos sencillos en el caso de lesiones. Aprenden a ponerse las vendas en los tobillos, por ejemplo.

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En San Pedro el equipo se llama Los Teros.

En San Isidro, Los canes.

Los nombres, en cada barrio, fueron a votación. Hubo más 10 propuestas. Quedó una, que salió de lo que ven todos los días. En San Pedro, los teros sobrevuelan las plazas. Incluso atacan, defienden a los pichones. En San Isidro hay perros por todos lados. Perros flacos y mansos que se desparraman bajo la sombra de los árboles para amainar un poco el calor. En verano, hay días de 45 grados de sensación térmica.  

Con esos animales diseñaron camisetas personalizadas. En la espalda figura el nombre de cada chico y su factor sanguíneo. Bonita metáfora de vida e igualdad.

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Estamos en la cancha de San Pedro. Los entrenamientos son mixtos. Los chicos y las chicas recién llegan y están picando la pelota de acá para allá. Tiran al aro. Esquivan los conos que ponen los profes.

–Ese chico que está ahí sacó una medalla en matemática– me dice uno de los entrenadores.

Me quedo mirando al nene corriendo con su pelota naranja. Arriesga un tiro de tres puntos con todo el cuerpo. El siguiente le sale mejor.

– Ese otro chico que está ahí tiene a su padre y a su madre en la cárcel. Va al colegio porque le sirven el desayuno. Después está todo el día en la calle. Los estudios médicos que le hicimos mostraron un principio de desnutrición. Vive con su abuela, pero la abuela llega tarde a la noche. Casi no lo ve– sigue con su relato.  

Es bajito y flaco como un cable. Tiene su pelota y sonríe con los dientes blancos. Corre, pica, tira al aro. Parece feliz, le brillan los ojos.

– A ese chico le hacen bullying en la escuela. Tiene serios problemas con ese tema. Acá viene contento. Le pasan la pelota, lo hacen parte del juego.

Me cuesta cada vez más mirar. Siento un nudo en la garganta. Todo el tiempo.

Con LG Básquet llegamos a Paraguay para capacitar al equipo de formadores y de gestión del Prode. Trabajamos en planificación, didáctica, modificación de los juegos, organizamos encuentros teórico – prácticos con modalidad de taller, desarrollamos el método Detecto Aprendo Aplico y hablamos de la comunicación e identidad de un proyecto deportivo. Hubo disertaciones y mucho trabajo en cancha.

En los barrios brindamos jornadas de tres horas de prácticas. Y el último día hubo un encuentro con las familias. Las familias son parte fundamental de cualquier proyecto deportivo, especialmente en un proyecto como el Prode.

Se trabajó con los chicos para los entrenadores. De ambos lados fueron receptivos. El saber en acción y la correcta lectura de cada grupo es lo que determina la calidad de los entrenamientos. Salió bien. Enseñamos. Y aprendimos. Aprendimos mucho. Tal vez el verdadero proceso de enseñanza sucede cuando las dos partes se transforman. Los monólogos son propios del siglo pasado. Educar –verbo fuerte si los hay– será un diálogo. O no será nada.

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Las canchas tienen techos altos de chapa y piso de baldosa. No tienen paredes porque no son necesarias. Alrededor hay una plaza con hamacas y toboganes. El sol dibuja líneas rectas en las gradas donde están sentados los entrenadores tomando nota. Entre los aros, Juan Lofrano y Pablo Genga distribuyen conos y sillas para armar estaciones de trabajo. Desarrollan ejercicios de técnica, de táctica, de motricidad. No dejan un solo espacio sin utilizar adentro y afuera de las líneas amarillas. Se preocupan porque ningún chico ni ninguna chica espere en una fila o tenga un rol pasivo en la práctica.

Los entrenamientos aburridos y repetitivos son uno de los principales motivos de la deserción deportiva. De todos modos, en estos contextos no se puede medir nada en términos de divertido o aburrido. Básicamente porque nadie está entreteniendo a nadie. Se están formando ciudadanos del básquet. Algunos serán jugadores, otros serán entrenadores, otros serán árbitros, otros gestores deportivos. Lo importante es que estén cerca del deporte. Que lo experimenten y lo hagan propio. Entonces, se trabaja en búsqueda de la inclusión. Inclusión real. Un básquet para todos y todas.

En el Prode entrenan hoy más de 250 chicos y chicas de entre 3 y 17 años. El objetivo es seguir ampliando su alcance en Encarnación y, de a poco, expandirlo a todo el país. Tanto José como Francisco son personas de poco hablar. La mejor ecuación: hablar poco, hacer mucho. Pero cuando hablan son muy certeros sobre el rumbo que quieren para el proyecto. Están pensando a largo plazo. Saben lo que hace falta y saben que hay que atravesar fronteras para sostenerlo. Quieren tocar las puertas indicadas. Como cuando empezaron en los barrios. Desde ahí planifican y crecen. Con los pies en la tierra colorada.

El básquet como forma de vida. Ese es el objetivo del Prode.

Y lo están alcanzando.

por Agustín Marangoni, crónica publicada en LG Básquet.

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